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La Rambla de Canaletes

 

 

 

RAMBLA DE CANALETES

 

 

 

Para conocer bien el famoso paseo de Las Ramblas, iniciaremos el recorrido desde la Plaça de Catalunya. Es precisamente en ese lugar donde comienza la primera parte del paseo, la denominada Rambla de Canaletes. Como puede observarse, Las Ramblas no es una vía única, sino que está compuesta por cinco partes, cada una de ellas denominada con un nombre significativo de la ciudad.  La primera de ellas, La Rambla de Canaletes, lleva ese nombre gracias  a la fuente que se encuentra en su inicio,  la famosa Fuente de Canaletes.

 

Se trata de una fuente de hierro fundido construida en el siglo XVIII. Su importancia no es tanto por su belleza, sino por la historia y  la leyenda que le acompaña.

 

Según dice esa leyenda,  quien bebe agua de esta fuente vuelve siempre a Barcelona. Estas palabras están grabadas en la base de la fuente. Por lo tanto si usted cree en leyendas y después de visitar la ciudad se enamora de ella, vaya directamente a la Fuente de Canaletes y beba de su agua, volverá a Barcelona. La fuente, además cuenta con un curioso detalle en su parte inferior, un bebedero para el mejor amigo del hombre, los perros.

 

En la Rambla de Canaletes y entorno a la fuente que le da su nombre, tradicionalmente es el lugar de encuentro de los “culés”. Así se les llama a los aficionados del Fútbol Club Barcelona.  Cuando el Barça, como así se le denomina al Club coloquialmente, tiene un triunfo  importante, los “azulgranas”,  como también se les menciona a sus seguidores, se reúnen en este lugar para celebrar la victoria. Disfrutar de uno de sus triunfos junto con su afición en este lugar, es una experiencia inolvidable.

 

Sin embargo como cualquier celebración multitudinaria, deben tomarse precauciones si se acude a ellas,  ya que se suele mezclar  con alcohol, el entusiasmo y la pasión por sus colores, terminando en ocasiones con alteraciones del orden público.

 

Hace unos ochenta años, cada vez que el Barça jugaba un partido, los dueños de las tiendas de vino de esta Rambla, bajaban los precios, ya que los “culés” que no podían ir a ver el partido  se reunían en la Rambla de Canaletes. El motivo era que  frente a la famosa fuente se encontraba la editorial del periódico “La Rambla”,  sus avispados periodistas colocaban un tablero en la calle donde iban narrando las últimas noticias del partido. Junto a este tablero se reunían los aficionados y público en general, que a su vez era un reclamo que incrementaba las ventas de dicho periódico.

 

 

 

RAMBLA DELS ESTUDIS

 

Siguiendo el  Paseo de las Ramblas la próxima que nos encontramos es  “La Rambla dels Estudis”. En la actualidad esta denominación carece de sentido. Su origen lo hallamos en el Siglo XVI, ya que en este lugar se fundó la primera Universidad de la ciudad.  Esta permaneció abierta hasta el siglo XVIII, cuando el Rey Felipe V con el fin de poner orden, asaltó la ciudad y cerró  la Universidad convirtiendo el edificio, en un cuartel militar.

 

Popularmente a esta Rambla también se le llamó, Rambla de los Pájaros. La razón se encuentra en que  a los dos lados del paseo se hallaban unos quioscos de venta de  pequeños animales, entre ellos pájaros. Con el cántico de éstos, los gorriones que poblaban los árboles del paseo, también cantaban, motivo por el que popularmente se le llamaba de ese nombre. Hace unos cuantos años, la Alcaldía de Barcelona dicto una serie de ordenanzas de protección de los animales, estableciendo los requisitos que debían cumplir estos establecimientos. Como consecuencia  de ello, la mayoría cerraron, quedando en la actualidad un único punto de venta en el que hoy en día se siguen vendiendo animales.

 

Para los amantes del arte moderno al principio de la Rambla dels Estudis, girando hacia la derecha por el Carrer de Bonsuccés, se encuentran con el MACBA, el Museu D’Art Contemporani de Barcelona. Sin embargo si se giran hacía la izquierda por el Carrer Canuda hasta la Plaça Vila de Madrid, se encuentran con la Necrópolis Romana.

 

Pero no vamos a desviarnos del camino, seguiremos bajando hacía el mar por esta Rambla. Al lado derecho del paseo se halla  un interesante edificio: el Teatro Poliorama. Un famoso establecimiento por sus funciones de comedia y musicales. El edificio en sí no presenta ninguna característica de interés, sin embargo cuenta con un gran reloj situado en la fachada. Este reloj marca la hora oficial, con él se ajustaban  y siguen haciéndolo, todos los relojes de la ciudad. La Academia de Ciencias y Artes, tomó la decisión de hacerlo a finales del Siglo XIX, mediante la firma de un acuerdo con el Ayuntamiento.

 

Bajando más abajo, pasamos de largo  por la pared lateral de la Iglesia de la Mare de Déu de Betlem. Esta iglesia de estilo barroco, tiene la fachada decorada con estatuas de los Santos de la Orden de los Jesuitas, fue construida en el Siglo XVII. Detrás de ella, se eleva El Palacio de la Virreina construido en el Siglo XVIII por el Virrey Manuel Amat y Juniet. Estos edificios, que en apariencia no guardan ninguna relación, están  unidos por una curiosa historia.

 

El Marqués Manuel Amat fue nombrado Virrey de Perú por sus servicios al Rey Felipe V. Éste se enriqueció con las minas de plata de aquel país y, en su vejez, decidió construir un palacio en Barcelona.  Otro de sus sueños era solventar el futuro de su sobrino casándolo con alguna joven señorita de la nobleza. La novia elegida pertenecía a la familia Fiveller. Era huérfana y fue criada por las monjas del convento. La boda se celebraría en la Iglesia de la Mare de Déu de Betlem, donde acudieron todos los invitados. Tras una larga espera, el novio no apareció. D. Amat entristecido, consolaba a la novia frustrada por el abandono y éste entre suspiros dijo “¡Si no fuera tan viejo, me casaría contigo”!, la mujer no tardó  en responder “¿Por qué no? Era una buena idea, mejor casarse que pasar toda la vida en el monasterio”.  Y así fue, ambos se casaron y aunque Don Amat no pudo disfrutar de su palacio, ya que murió antes de que lo terminaran, en cambio, la joven viuda pudo gozar de su estancia en la lujosa vivienda durante muchos años.

 

En su honor el palacio fue nombrado como el Palacio de la Virreina. En este palacio también se mantiene una tradición actual. Dentro del edificio  se encuentran unas muñecas gigantescas que se exhiben en vitrinas al fondo del edificio, a estos gigantes  se les saca por las calles de la ciudad durante sus fiestas.

 

Frente al Palacio de la Virreina, en el lado izquierdo de La Rambla bajando hacia el mar, se encuentra el Palacio de Moja, también conocido como el Palacio de Antonio López López, marqués de Comillas, su último propietario. Este marqués fue uno de los primeros magnates que recibieron el nombre de “indianos” que construyeron las llamadas “Casas-Palacios”. La historia hizo que el nombre de este marqués estuviera muy ligado a Antonio Gaudí, aunque esté sea un tema del que se hablará más adelante. En la planta superior del edificio se mantiene la habitación de Jacinto Verdeguer,  sacerdote personal del Marqués de Comillas. Verdeguer, que se haría famoso poeta catalán, al principio de su carrera poética dedicó a su protector el poema “L’Atlántida”. Sin embargo con el paso del tiempo surgieron muchas desavenencias entre ambos. El marqués hizo su fortuna vendiendo esclavos de color en Cuba y ello perturbaba al sacerdote. Éste entre sus obligaciones de sacerdote estaba la de repartir limosna entre los pobres como actos de caridad, de lo que el marqués se beneficiaba para limpiar su nombre, así que el sacerdote-poeta  se aprovechó de la situación y repartía  limosnas en cantidades excesivas. El marqués ante esta situación se vio obligado a tirar a la calle al sacerdote por su excesiva generosidad con su dinero.

 

Llegamos al final de la Rambla dels Estudis. Justo después del Palacio de Moja hacia la izquierda empieza una ancha calle llamada Portaferrisa. Su nombre se traduce como “Puerta de Hierro”, y nos preguntamos ¿qué puerta?, si no hay ninguna en esa calle. Caminando en la actualidad por el paseo bajo la sombra de los plataneros es complicado imaginarse, que antes en este lugar, como su propio nombre indica (rambla), había un río torrencial  y a lo largo del mismo  había una muralla para defender la ciudad. A lo largo de esa muralla había puertas para entrar a la ciudad. Justo donde está la calle Portaferrisa, se encontraba la puerta principal. Por esa puerta pasaba el principal flujo de tráfico de ahí que era necesario tener una fuerte puerta de hierro. De ahí viene el nombre que se ha conservado hasta nuestros tiempos. Como curiosidad, en la parte derecha de la entrada de la calle  hay una fuente decorada con azulejos en los que está ilustrada la antigua muralla.

 

 

 

RAMBLA DE SANT JOSEP

 

Antes de pasar al siguiente tramo de Las Ramblas, nos gustaría llamar la atención a los amantes de la música. En el número 97 de Las Ramblas, justo detrás del Palacio de la Virreina, se encuentra la llamada “Casa Beethoven”. Se trata de un antiguo y estrecho lugar, donde sorprendentemente se pueden encontrar un amplio abanico de partituras musicales, tanto antiguas como modernas. Así que es posible, señoras y señores, que los melómanos puedan descubrir aquí  piezas únicas y exclusivas difíciles de encontrar.

 

No podemos pasar de largo otro  curioso sitio, aunque para ello tenemos que desviarnos un poco de la ruta y  entrar por la calle Portaferrisa de la cual ya hablamos. Al principio de ésta hay una calle a la derecha, estrecha que suele pasar desapercibida  llamada Petrixol. Es una de las calles más pintorescas de la vieja Barcelona. Los vecinos de la calle han decorado sus casas con baldosas de cerámica elaboradas por ellos mismos formando cuadros, en los que cada uno de ellos ha escrito de su propia mano, proverbios, refranes, frases, versos.

 

Esta calle además es la más “dulce” de Barcelona. A ambos lados hay cafeterías  donde sirven chocolate caliente, el olor es tan intenso que se extiende por todo el barrio. Además de las chocolaterías, se encuentra una tienda donde venden dulces tradicionales como el turrón.

 

En esta estrecha calle no solo se alimenta el cuerpo sino también el alma.  La  calle Petritxol también es distinguida por sus numerosas  galerías de arte. La más famosa de ellas es La Sala Pares situada en el número cinco de esta calle. Abrió sus puertas en 1.840 y poco a poco se convirtió en  líder de exhibición y venta de cuadros en toda Europa. Grandes maestros como Picasso y Santiago Rusiñol expusieron sus obras en esta galería.

 

Tras  haber degustado un delicioso chocolate caliente y apreciado  los mosaicos y pinturas, volvemos a la Rambla.  Estamos en la Rambla de Sant Josep, aunque sea más conocida como la Rambla de les Flors. Durante el siglo XIX, era el único lugar de la ciudad donde se vendían flores. Las floristas eran famosas por su belleza, de ahí que a esta Rambla no solo venían  compradores de flores, sino los señores más galanes de la ciudad.

 

Además de los quioscos de flores, en esta Rambla existía un mercadillo de libros donde también  se vendían periódicos y revistas. Con el tiempo, este lugar fue vinculándose cada vez más con la gente culta. Aquí organizaban  reuniones improvisadas y debatían  sobre las últimas noticias, sin dejar la oportunidad de flirtear con las vendedoras de flores. Así pasó con el  pintor Ramón Casas y el filósofo Serra Hunter, que con gran disgusto para sus nobles familias, eligieron como esposas a floristas de la Rambla.

 

La Rambla de Sant Josep debe su nombre al Monasterio de la Orden de los Carmelitas Descalzos. En este lugar, en la actualidad se encuentra el lugar más atractivo de la  Rambla: el Mercado de la Boquería, el verdadero núcleo comercial de Barcelona. Como aún no hemos llegado ahí, disfrutaremos de otros edificios que vamos encontrando por el camino.

 

No les sorprenderá cuando les diga  que las edificaciones más singulares de Barcelona se encuentran en el barrio Del Eixample, pero aquí en las Ramblas también  hay edificios  a los que vale la pena prestar atención. Por ejemplo en el lado derecho del paseo en el número 83, se encuentra la Antigua Casa Figueres, que fue domicilio de una adinerada familia de Barcelona.

 

El edificio  fue construido en 1820.  Anteriormente en ese lugar, había una pequeña fábrica de macarrones.  En 1902 decidieron reformar la fachada de la casa, sobre todo la parte baja del edificio. Las paredes se decoraron con mosaico multicolor al estilo trencadis. Antonio Gaudí se enamoró de este estilo y lo utilizo mucho en sus trabajos. La esquina del edificio fue adornada con un precioso relieve femenino.

 

En 1986 en esta Rambla se instaló la pastelería Escribá. A pesar de que el dueño, el señor Escribá estudió para ser chocolatero, sus productos al principio no se diferenciaban de las  otras pastelerías. Todo siguió igual hasta que Antonio uno de los hijos del pastelero creció. El niño tenía talento para dibujar, pero la familia no tenía dinero para su enseñanza, así que el muchacho empeñó su arte en la elaboración de figuras de chocolate.

 

Antonio al hacerse más mayor se marcho a Paris y estuvo trabajando en una pastelería parisina, donde obtuvo mucha experiencia en el oficio, donde además conquisto el corazón de la hija del dueño del negocio viniendo con él a vivir a Barcelona.

 

En la actualidad, la  pastelería Escribá es una de las mejores de Barcelona, su producto estrella es la “Mona de Pascua”, un producto tradicional elaborado a base de chocolate, siendo éste un dulce típico que se toma durante la celebración de la   Pascua. Es imposible pasar por su lado y no fijarse en la pastelería y maravillarse de la  diversidad de dulces expuestos en las estanterías.

 

Justo detrás de la pastelería se encuentra otro curioso edificio. En el número 77 se encuentra la Casa del Doctor Genové , construida en 1911 por Enric Sagnier. La primera planta está ocupada por la farmacia y en las plantas superiores estaban los laboratorios farmacéuticos.

 

Fue un reto para Enric Sagnier construir este magnífico edificio de estilo neogótico  en un espacio tan estrecho. La entrada a la farmacia está construida en forma de arco puntiagudo decorada de bajo relieve. La fachada con mosaico azul y dorado atrae especialmente la atención. Desgraciadamente el paso del tiempo ha acabado con parte de la decoración de la casa, incluyendo las bellísimas vidrieras.

 

En el lado opuesto del paseo no encontraremos ningún edificio especialmente hermoso, pero si miramos con atención a través del orificio de un edificio moderno de cristal y hormigón que se encuentra en esta parte, en la profundidad, de repente aparece una visión maravillosa: el campanario de la iglesia medieval de Santa Maria del Pi. Así es Barcelona, inesperada e impredecible. Aquí la modernidad vive en armonía con la antigüedad, como por ejemplo un moderno palacio de vidrio y hormigón y parking subterráneo de once plantas que se encuentra en el lugar. Por cierto no lo confundan con el Palacio Güel en la calle Rambla Nou, del que hablaremos más adelante, también obra de Gaudí.

 

Mirando y disfrutando de estos edificios originales, hemos llegado hasta el Mercat de la Boqueria. Este es el mercado más famoso y  antiguo de toda la ciudad. Aunque data del año 1217 como lugar donde se vendía carne,  el mercado actual fue construido en la mitad del siglo XIX. Frente a él en la entrada podemos admirar la fachada decorada con hierro forjado y vidrieras de colores, es complicado llegar a imaginar sus dimensiones reales. Es como un gran pulpo que aparece con sus tentáculos ofreciendo todo tipo de productos que incita a comprar a sus visitantes que se quedan con los bolsillos vacíos. Es cierto que este mercado es el más caro  de Barcelona, sin embargo si nos adentramos mas en el interior del mercado, se pueden encontrar los mismos productos por un precio bastante más bajo.

 

En la entrada se encuentran  los puestos de frutas y  dulces. A ambos lados hay filas de los  vendedores de lácteos y carnes. En el fondo se encuentra el orgullo del mercado, los puestos del pescado, mejillones, ostras y todo tipo de delicias del mar se encuentran en esta parte colocadas sobre grandes bancadas de hielo. Las vendedoras de estas riquezas del mar, se llaman ellas mismas “Las Reinas de la Boqueria”. La única desventaja es que no te permiten degustar nada, aunque es bastante fácil comer durante la excursión por el mercado; se venden frutas cortadas a rodajas que se ofrecen en platos de plástico.

 

Para quién desee comer algo más que fruta, dentro del mercado hay numerosos restaurantes. Los mejores locales son: Bar Pinotxo ( a la derecha de la entrada), Kiosco Universal,( en el puesto 691) y el restaurante Gardunya (número 998) entre otros. A los visitantes les deseamos que tengan buen  provecho, mientras seguimos bajando por la Rambla en dirección al mar.

 

 

 

PLAÇA DE LA BOQUERIA

 

Antes de continuar con la siguiente Rambla, la dels Caputxins, vamos hacer una breve parada en la Plaça de la Boqueria. Se podría decir que éste es el centro de todo el paseo de Las Ramblas. El lugar es fácil de encontrar ya que en él se encuentra un mosaico de Joan Miró junto a la estación de metro de Liceu. Joan Miró nació a unos cien metros de este sitio. Pintor, escultor, grabador y ceramista. Todo un genio del arte que es orgullo  del pueblo catalán. A esta altura en el lado izquierdo del paseo en el número 82, nos encontramos con un edificio muy singular. La Casa de Bruno Cuadro es un edificio de estilo muy ecléctico donde predomina la ornamentación oriental como lo es el gran dragón que se cierne  desde la fachada, así como abanicos y otros elementos decorativos de ese estilo.

 

En el año 1883, el arquitecto Josep Vilaseca se encargó de reformar el edificio de la Casa Bruno Cuadros y la tienda de paraguas que había en los bajos. Eran los años previos a la Exposición Universal de 1888, y Barcelona no paraba de crecer. En todas partes se construían interesantes obras, sobre todo por la zona del Eixample. El modernismo empezaba a hacerse notar y, con él, el gusto por las decoraciones orientales.

 

Este edificio se podría clasificar entre el excentricismo y la originalidad propios del arte modernista. Los paraguas que lo decoran no son una casualidad, sino como dijimos en los bajos de dicho edificio había una exitosa tienda de paraguas que se reformó junto con el resto del edificio, y éste es el motivo por el que popularmente se le llame también como  “Casa dels  Paraigües”. En la actualidad esa tienda ha desaparecido y en su lugar  se encuentra una sucursal bancaria.

 

El nombre de  la Plaça de la Boqueria tiene su origen siglos atrás, en las puertas que allí se encontraban. Como ya contamos por el lugar donde hoy están Las Ramblas discurría un rio a lo largo del cual había construida la muralla que protegía la ciudad de sus enemigos. Con el tiempo el cauce de ese rio  se secó dando lugar a su nombre: “Rambla” que proviene del árabe hispánico “ramla” y este del árabe clásico “ramlah” que significa arenal. Al secarse el río, su cauce fue pavimentado y así apareció el paseo actual.

 

Mucho antes de que todo esto ocurriera, imaginemos que estamos delante de la entrada de la ciudad. Las puertas en las que nos encontramos son las de Santa Eulalia. Esta Santa fue una mártir torturada y asesinada por los paganos romanos en los tiempos de la persecución a los primeros cristianos. Justo en este lugar, se encontraba una torre con un calabozo donde estuvo presa Santa Eulalia, de ahí el nombre de las puertas.

 

Este fue un lugar oscuro y tenebroso durante muchos siglos, especialmente durante la edad media, la torre recibió el nombre de Torre del Verdugo. Era cárcel  y además el lugar donde se situaban las horcas, con el balanceo del viento servían de advertencia a ciudadanos y visitantes para que cumplieran con las leyes y ordenanzas de la ciudad.

 

A principios del S. XII las puertas cambiaron de nombre y según el escritor catalán Víctor Balaguer en su libro “ Calles de Barcelona” a principios del año 1.147 durante la reconquista, el conde de Barcelona Ramón  Berenguer IV volvió triunfante a la ciudad tras la expulsión de los árabes de la ciudad sureña de Almería, trayendo consigo muchas curiosidades, entre otras, las puertas de esa ciudad. El conde ordenó  sustituir Las Puertas de Santa Eulalia por estas otras. Los ciudadanos quedaron con la boca abierta al contemplarlas, jamás habían visto nada igual. Estas puertas estaban elaboradas de madera noble, tapizadas con piel de vacuno y decoradas ingeniosamente con clavos de estaño con las cabezas doradas.

 

La muchedumbre deslumbrada por la belleza de las puertas se  quedaba con la boca abierta, diciéndose unos a otros entre risas: …¡MIRA OTRO BOCAR!.. De ahí que el gesto de mirar con la boca abierta lo  llamaron “bocar”. Poco a poco a esta puerta se le empezó a llamar de la “Bocaria” o de la “Boqueria” , acogiendo finalmente ese nombre.

 

El fin de estas puertas es bastante triste. En el año 1.588 todas las puertas de la muralla fueron reemplazadas por otras nuevas, también éstas, símbolo de la gloria de las tropas catalanas al frente del Conde Berenguer. Hubo un tiempo en el cual estas puertas de asombrosa belleza de estilo árabe, fueron trasladadas de un sitio a otro sin saber qué hacer con ellas, hasta que al final fueron quemadas.

 

Los cronistas de la época, escribían lamentando: “Como si las puertas no fueran la memoria histórica, sino simplemente material para encender el horno. Como si nada valió la victoria de aquellos héroes, como si no hubiese sido pagada con la sangre de los antepasados. Perdónales, Señor, a los que dieron la orden…”

 

 

RAMBLA DELS CAPUTXINS

 

Siguiendo el viaje por las Ramblas,  nos encontramos con la Rambla dels Caputxins que se caracteriza por el gran número de monumentos históricos que se hallan en ella.  Para los que les gusta salirse de las vías principales les podemos dar unas rutas interesantes. Girando a la izquiera desde la Plaça de la Boqueria, tomando la calle Cardinal Casañas, se llega a las callejuelas estrechas del Barrio Gótico. Sin embargo si se gira hacia la derecha bajando por la calle del Hospital, entraran en la zona  denominada  “Raval”, antiguo barrio rojo. Siguiendo por esta calle después de un par de manzanas  nos encontraremos al lado derecho  con una oscura pared hecha de piedra. En esta pared  está la entrada del complejo del Hospital de la Santa Cruz, de origen medieval.

 

La primera prueba piedra del complejo hospitalario fue puesta en el año 1401, sobreviviendo hasta el siglo XX. Este que fue el hospital principal de la ciudad, posteriormente se convirtió en hospital para pobres y vagabundos. En el año 1926 cuando Antonio Gaudí fue atropellado por un tranvía, lo llevaron a este hospital pues no fue reconocido por nadie. En la actualidad en este edificio se encuentra la Biblioteca de Catalunya.

 

Volviendo a la Rambla del Caputxins, aunque en la actualidad también se le podría llamar Rambla de los Restaurantes, ya que tanto éstos como bares y cafeterías  ubicados a ambos lados del paseo, han acampado en éste con sus terrazas, invitando al viandante a darse un respiro y a seguir pensando en la ciudad. Los camareros arriesgan sus vidas cruzando la calle con bandejas llenas de vasos y platos, como lo hacen los turistas que se lanzan a las abundantes tiendas de souvenirs sin mirar a los coches.

 

También podría llamarse “Rambla de Teatros”. Ante el famoso Teatro del Liceu se reúne gente elegante que después de ver la función  se van a las tertulias de la cafetería “Opera”, donde mientras se toma algo, se comenta la obra.

 

A pesar de todo, su nombre oficial es Rambla dels Caputxins. Nos tenemos que remontar  al siglo XIX donde la gran parte de la Rambla estaba ocupada por monasterios. El famoso cómico barcelonés de la época, Roberto Robert, siempre llamaba a esta Rambla la de los sacerdotes.  Éste organizaba espectáculos en la zona alegrando la vida de los viandantes y cuando bajaba la cabeza se imaginaba tropezar con la túnica del algún religioso y entonces, comenzaba a murmurar en latín.

 

Durante los años treinta del siglo XIX, la ciudad estaba en pleno apogeo y precisaba extenderse, necesitando nuevos territorios. Por este motivo empezaron a demoler los monasterios uno tras otro. En el Monasterio de la Orden Trinitaria construyeron el Teatro del Liceu,  el  Convento de Sant Bonaventura, se convirtió en el Hotel Oriente en el número 45 de la Rambla. En su sala de celebraciones aún se puede apreciar la majestuosa estructura del antiguo claustro del siglo XVII. En el lugar del Monasterio dels Caputxins se halla la Plaça Reial. Esta rambla lleva su nombre en honor a dicha orden monacal. Otros dos edificios religiosos son en la actualidad una librería y una comisaría de la Guardia Urbana.

 

Sin lugar a dudas el edificio más famoso y emblemático de la Rambla dels Caputxins es el Teatro del Liceu ubicado en los número 51 a 59. Fundado por la “Sociedad Filarmónica y Dramática de Barcelona de Su Majestad la Reina Isabel II”. Esta sociedad estaba compuesta por los soldados del Séptimo Batallón de unidades militares de Barcelona. Éstos, utilizando su ingenio, comenzaron a hacer espectáculos teatrales para abastecerse de uniformes y de armas. Tuvieron mucho éxito y eso les inspiró a construir con el tiempo, un teatro de verdad.

 

Las ambiciones de los antiguos militares crecían a medida que se construía el teatro, hasta tal punto, que decidieron edificar uno que superará  a La Scala de Milán. El plan se consiguió y el teatro fue inaugurado en el año 1847. El Liceu a pesar de su modesta fachada que da a la Rambla, compitió  con los principales teatros del mundo, gracias a su magnífica decoración del interior, a su importante aforo para el público y una acústica perfecta. Durante muchos años, el Teatro del Liceu, fue el lugar de encuentro de la burguesía barcelonesa donde pudieron disfrutar de las mejores óperas italianas.

 

En el siglo XIX se pusieron de moda los carnavales entre la sociedad barcelonesa con todo el alboroto y frivolidad que implica esta festividad. Máscaras, disfraces y lo que algunos decían, un desenfreno al borde del pecado. El Teatro del Liceu, era centro de estas fiestas y de espectáculos como la “Polka a lo extranjero”, la cual exigieron prohibir por parte de la sociedad  barcelonesa más conservadora y católica.

 

Ante las corrientes puritanas, las autoridades trataron de frenar estas actividades donde los hombres se vestían de mujeres y viceversa, entre otras. Como en el lugar donde se construyó el Gran Teatro del Liceu anteriormente había sido un monasterio, entre ese sector más conservador, empezó a correrse la voz de que los monjes enterrados del monasterio no tardarían en vengarse, en lo que llamaban “Templo del Pecado”. Al comienzo de uno de los carnavales, un fanático  se situó frente al teatro con una cruz, amenazando con el fuego del infierno a todos aquellos que iban a participar en las obras paganas que allí se interpretaban. La profecía no tardaría en cumplirse. En el año 1861 hubo un incendio en el teatro y en el 7 de octubre  de 1893 explotó una bomba.  La mala suerte perseguiría el destino del Liceu.

 

En aquellos tiempos, el Liceu se consideraba un lugar de obligada visita para la burguesía de Barcelona, no solo para disfrutar de la ópera, sino también como prueba de su clase social. De esta forma la presencia en el palco del teatro, suponía signo de distinción, poder y riqueza; circunstancia que era conocida por los movimientos anarquistas florecientes en esos años. En la inauguración de la temporada de invierno de 1893, se interpretaba la opera “Guillermo Tell”, en la mitad del segundo acto, un joven anarquista llamado Santiago Salvador lanzó dos bombas “Orzini” hacia el patio de butacas ocupadas por la aristocracia barcelonesa.  Afortunadamente la segunda bomba no explotó ya que se enredó en el vestido de una señora que había sido asesinada con los fragmentos de la primera de las bombas. Esta segunda, se encuentra guardada en el Museo Histórico de la ciudad.

 

Las consecuencias del atentado fueron veinte muertos y cincuenta heridos. Entre la confusión, el autor salió tranquilamente a la calle. Un mes después, fue capturado y confesó el crimen. Fue juzgado y condenado a la pena de muerte,  mediante “garrote vil”. Fue ejecutado bajo el entusiasmo de la muchedumbre que no le impidió gritar unas cuantas consignas anarquistas e incluso empezó a cantar un himno anarquista, cuando fue interrumpido por la mano despiadada del verdugo.

 

Pero las desgracias del Liceu no terminaron ahí. En 1994 sufrió otro gran incendio, lo que hace creer más en sus maldiciones.

 

Dejando atrás  estas tristes historias, en el lado opuesto de la Rambla, en el número 74 vemos el cartel: CAFÈ de L'ÒPERA. No es una simple cafetería, se trata más de un mito urbano de Barcelona. Se encuentra en el mismo sitio donde al principio del siglo XVIII ya se ubicaba una taberna, a lo largo de más de cien años, esta cafetería sería una de los lugares más populares de la ciudad. Por allí ha pasado todo tipo de gente, desde el Rey Alfonso XIII, la aristocracia local, intelectuales, la bohemia artística, cómicos que intentaban pasar por cantantes, músicos y hasta los anarquistas. Hay tres tomos de libros con la firma de personajes famosos que han pasado por el establecimiento, así como  cientos de historias curiosas y anécdotas relacionadas con este lugar, que durante los años han pasado de boca en boca. Es un lugar que siempre está muy concurrido, pero merece la pena entrar a tomarse un café, el servicio es rápido,  y admirar la decoración Modernista  de la sala, conservada cuidadosamente desde su apertura.

 

Detrás del “Cafè de l'Òpera"  hacia la izquierda de la Rambla, empieza la calle Ferrán. Yendo por esta calle se puede llegar hasta el corazón de la “Ciutat Vella” o “Ciudad Vieja” en Castellano y encontrarnos con la Plaça de Sant Jaume. Es un lugar muy transitado por los turistas, donde se rodó la película “El Perfume”, lo que nos dará la oportunidad para imaginar, como pudo convertirse en una calle miserable, maloliente y oscura del Paris medieval.

 

Siguiendo hacia el mar y por el lado derecho veremos la calle  Nou de la Rambla . En su principio, en el número 73, se encuentra escondido el Palacio Güell, otra joya del collar de Barcelona. Este fue el primer gran encargo que recibió Antonio Gaudí para su futuro mecenas, Eusebi Güell. Sería imperdonable no dar un pequeño rodeo para ver este edificio y guardar cola para apreciar su interior.

 

Justo enfrente del lugar donde comienza la calle Nou de la Rambla al otro lado de la Rambla se encuentra el pasaje hacia la Plaça Reial. Es un lugar más que hay que visitar. Sin estar en esta plaza cerrada por todos los lados por edificios iguales con los pórticos y siempre animada por la gente; no se puede decir, que se haya estado en Barcelona. Además en ella hay dos farolas de Antonio Gaudí. Esta plaza fue construida en el año 1848 y es considerada como un conjunto único dentro de la ciudad. El arquitecto Daniel Molina la concibió utilizando como ejemplo la Plaza Vosges de Paris, incluso tomó prestado el nombre, ya que  inicialmente así se denominaba también a la parisina.

 

En cuanto a las farolas, fue el primer encargo del Ayuntamiento de Barcelona para el futuro genio del modernismo. En 1978 acababa de obtener el título de arquitecto.  Para que se aprecie más el trabajo de Gaudí, las farolas son de seis brazos  pintados con bermellón y doradura, coronadas con el símbolo de Hermes.

 

Estas no son las únicas farolas diseñadas por el joven Gaudí. Hay otras dos, pero en esta ocasión de tres brazos que se encuentran en el Plà del Palau en Barcelona cerca de la fachada lateral del edificio de la Antigua Aduana, sin embargo los transeúntes pocas veces las aprecian con atención, todo lo  contrario de lo que ocurre con sus hermanas de la Plaça  Reial. Hace tiempo, había  dos farolas más de Gaudí que  estaban situadas en el Passeig Joan de Borbó, pero durante unas obras ejecutadas en el lugar en el siglo XX se quitaron, y nunca más  las volvieron a colocar  en su sitio.

 

La Plaça Reial al principio era muy popular entre los ciudadanos gracias a las numerosas cafeterías y restaurantes que había, pero en los años setenta del siglo pasado, empezó el lugar a adquirir mala fama. Fue tomada por los traficantes de droga, los hippies, prostitutas y delincuentes de todo tipo. En la actualidad va recuperando poco a poco su  reputación siendo el lugar preferido de visitantes y ciudadanos de la ciudad.  En la plaça hay un restaurante con un nombre poco habitual: “Taxidermista”, que atrae la atención de todo el mundo por su historia y por su buena cocina.

 

“Taxidermista” es aquella persona que se dedica a disecar animales, antes se llamó “Gran Café Español”. Se trata de un establecimiento refinado y elegante. En el año 1926 Luis Soler vino a la ciudad, se trataba de un personaje muy interesante y entusiasmado con las ciencias naturales. En el antiguo local del “Gran Café Español”, él decidió montar una tienda-museo  bajo el nombre de “Museo Pedagógico de Ciencias Naturales”. El letrero que lleva ese nombre todavía se puede apreciar encima del restaurante.  El insólito museo fue muy conocido, su singularidad se dispersó rápidamente por la ciudad y más allá de ésta.  Los curiosos iban a visitar el museo  de animales disecados de forma magistral por Soler y lo apodaron  como el “Museo de los Animales”.

 

Este museo-tienda tuvo tanta popularidad que el mismo Rey Alfonso XIII encargó al maestro Soler que disecara la pierna de un querido caballo. Este hecho subió la fama de la tienda más allá de lo normal. Mario Cabré, famoso torero catalán de los años cincuenta, encargó disecar la cabeza del toro que mato  durante una corrida de toros y que dedicó a la famosa actriz  de Hollywood, Ava Gardner.  Durante el rodaje de la película “Pandora y el holandés errante”, la actriz y el torero tuvieron un lío amoroso, breve pero apasionado.

 

Sin embargo, el encargo más raro  de todos lo hizo Salvador Dalí. El extravagante artista  pidió a Soler que le hiciera doscientas mil hormigas disecadas. Este pedido además de surrealista era imposible de realizar, pero el maestro sí que hizo para él, un tigre disecado, un león y hasta un rinoceronte.

 

El negocio fue cerrado en 1999 y el restaurante Taxidermista abrió el mismo año. Hasta hoy  su interior está decorado con algunos elementos del antiguo oficio de Luis Soler, maestro en el arte de disecar animales.

 

Antes de que volvamos a la Rambla, nos gustaría contarles sobre otro sitio que se encuentra en la Plaça Reial. Se trata de una pequeña sala de conciertos: “Los Tarantos”, su dirección concreta la Plaça Reial número 17. Es complicado  imaginar España sin su flamenco. A pesar de que los catalanes prefieran la sardana como baile típico de Catalunya, también  les interesa ofrecer a los turistas espectáculos del tórrido  flamenco sureño. Los Tarantos se distinguen de otros locales de este estilo en que ahí no hacen grandes números de baile ni comida de alto precio. Aquí se organizan  espectáculos por la tarde de media hora de duración por un bajo precio, donde  los artistas desvelan la auténtica alma del flamenco.

 

Volviendo de nuevo a la Rambla y bajando un poco más, llegamos hasta la Plaça del Teatre. Aquí recuperamos el aliento y nos preparamos para el último trozo de Las Ramblas: La Rambla de Santa Mónica.

 

 

 

Rambla de Santa Mónica

 

La quinta y última Rambla que nos queda por recorrer, es la de Santa Mónica. Ésta empieza en la Plaça del Teatre, una de las plazas más antiguas de la ciudad. Se identifica  claramente gracias al monumento de  Frederick Soler, fundador del teatro catalán moderno. Este monumento se ubica  en el lado izquierdo de la Rambla, situándose en lado derecho el Teatre Principal, que se encuentra en pésimo estado de conservación, a pesar de que fue  el principal de la ciudad y dio nombre a esta plaza.

 

Su fundación es parecida a la historia del Teatre del Liceu, con la diferencia de que sucedió mucho antes, en el año 1568. El Hospital de Santa Cruz, donde pasó  sus últimos días Antonio Gaudí, se encontraba en dificultades. Las autoridades locales decidieron construir un teatro y con los recursos que obtendrían de la venta de entradas, los destinarían al mantenimiento de esta institución benéfica. Los monjes de la orden de los Jesuitas que dirigían el hospital no apoyaron la idea. Por ese motivo se tuvo que recurrir al propio Papa que si respaldó el proyecto, por lo que fue construido en poco tiempo bajo el nombre de la Casa de las Comedias.

 

Pasaron los años, el teatro se iba reconstruyendo y el nombre cambió por el de Teatro Principal. Con el tiempo le fueron saliendo competidores, motivo por el que fue degradándose paulatinamente. En el Siglo XX el teatro sufrió una grave deshonra al convertirlo en una sala de cine, hasta que finalmente cerró sus puertas. Hasta el día de hoy, el edificio antiguo del Teatro Principal permanece ahí a la espera de mejores tiempos.

 

Dado que estamos destacando los lugares de mayor interés cercanos a la Rambla, no romperemos esta tradición dando un par de pistas.  Desde la Plaza del Teatro hacia la izquierda, parte una de las calles más antiguas de la ciudad, el Carrer dels Escudellers. Estrecha y oscura, esta calle siempre está repleta de gente extraña, sobre todo por la noche. A pesar de ello, los turistas extranjeros, actuando por su cuenta y riesgo, se lanzan a esta calle para ir al restaurante “Los caracoles”.

 

Este establecimiento tiene más de ciento ochenta años de antigüedad. En otros tiempos el restaurante fue famoso por su cocina, por supuesto que lo más solicitado eran los caracoles. Inicialmente tenía el nombre de su fundador, Bofarull, pero gracias a los caracoles cambió su nombre. Los años de máximo esplendor fueron los cuarenta del siglo XX, cuando Antonio Bofarull, nieto del fundador, cogió el mando del restaurante. Los clientes habituales le llamaban cariñosamente “ El  Gordinflón Bofarull”. Gracias a su gran carisma atraía al restaurante todo tipo de personajes famosos. Ello es fácil de comprobar, las paredes de “Los Caracoles”, están repletos de fotografías: políticos, actores, toreros y cantantes posando junto al dueño. El incansable Bofarull, tenía tiempo para todo: llevaba el restaurante, cantaba en la Ópera, actuaba en películas y producía alguna de ellas.

 

En la actualidad el restaurante es una atracción turística de la ciudad. Nos podemos perder en sus infinitas salas y salitas de estilo rural, decoradas con ristras de cebolla y hierbas aromáticas y por supuesto con caracoles. Los hay de piedra de madera, éstos se acomodan en las barandillas de madera tallada, en las sillas y hasta en las paredes. Además, el pan también se hornea en forma de caracol.

 

La Rambla de Santa Mónica no es solo la parte más vistosa y más concurrida del paseo, sino que además es la más antigua, realmente es su cuna.  Exactamente desde aquí en el año 1774 empezó la historia de la Rambla. Al principio, las autoridades decidieron derribar una parte de la muralla medieval desde la Plaça del Teatre hasta el mar, pavimentar el paseo y trasplantar los árboles ahí. Este lugar enseguida se hizo popular entre los ciudadanos. Poco a poco, se fue derribando el muro y alargar el paseo. Finalmente,  no quedó ni una piedra de la muralla, ésta desapareció sin dejar rastro y la Rambla adquirió su estado actual.

 

Hasta la segunda mitad del siglo XIX, antes de la aparición del Passeig de Gràcia, la Rambla era el principal lugar para pasear de Barcelona. Surgió un nuevo término el de “ramblear” que significa pasear por la Rambla. La famosa escritora George Sand, estuvo en Barcelona en 1838 en compañía del compositor francés Fréderic Chopin. Ella dejó para la posteridad las siguientes líneas: “Bajo los rayos cálidos del sol sureño la alta sociedad pasea por la Rambla. Parece que a las bellezas catalanas, coquetas y gráciles  solo les interesa la hermosura de los pliegues de sus mantillas y el centelleo de los abanicos. Los hombres, ocupados con sus puros y examinando de reojo a las damas, debaten sobre las óperas italianas. Da la impresión de que no les interesa lo más mínimo los acontecimientos que pasan fuera de las murallas de la ciudad”.

 

Pero la vida cambia. Otra burla de la historia: del prestigioso barrio de la Rambla de Santa Mónica, durante el siglo XX, se ha convertido en una zona mala y hasta peligrosa. La gente normal que paseaba por la Rambla llegaban hasta la Plaza del Teatro junto al monumento de Frederic Soler y con un giro de 180 grados daban la vuelta. Seguir no era seguro, a la derecha de la Rambla comenzaba el Raval. Un tugurio oscuro alumbrado de farolas rojas al que se le nombro el “Barrio Chino”, conforme mas se acercaba al puerto, mas se sentía su aliento apestoso. Hoy en día hay que felicitar a las autoridades de Barcelona que están intentado  con gran esfuerzo, devolver a este barrió un aspecto más limpio y decente.

 

Seguimos bajando hacia el mar y nos acercamos al edificio de la iglesia parroquial de Santa Mónica. El último trozo de la Rambla debe su nombre, como se habrán  dado cuenta, a esta iglesia. Al lado de la misma, está ubicado el Centro de Arte Santa Mónica, en el antiguo Monasterio de los Agustinos. Un monasterio más. En la Barcelona del siglo XVIII los monasterios, iglesias, cementerios católicos y colegios religiosos, ocupaban el 20% del total del territorio de la ciudad.

 

Los edificios, iglesia de Santa Mónica y el Centro de Arte, se encuentran en el lado derecho de la Rambla y en el izquierdo, se ha conservado alguno de los antiguos edificios, incluyendo una casa con la fachada de estilo austero clásico. El palacio Marc es el tercer y último palacio construido en la Rambla en el siglo XVIII. Frente de la casa-palacio, se ha instalado un pequeño quiosco que hace publicidad del museo de cera  que se encuentra bajando un poco más entrando por el arco semicircular en el lado izquierdo de la Rambla.

 

Existen diferentes opiniones sobre este museo que abrió sus puertas en el año 1973 y que ocupa gran parte de un edificio monumental de fachada de mármol. A parte de las figuras habituales de famosos, como son políticos y artistas, aquí también hay salas extraordinarias que nos llevan a mundos fantásticos. El submarino “Nautilus”, una nave espacial, una goleta pirata, unas cuevas con hombres primitivos, una cámara de tortura medieval;  son solo algunas de la gran lista de salas que pueden interesar a los pequeños visitantes del museo. En la actualidad los Barceloneses se enorgullecen de su museo de cera, considerándolo de la misma categoría que los de París o Londres. No siempre fue igual, los ciudadanos no pensaban del mismo modo sobre este lugar. Los creadores de “La Cámara del Terror”, con escenas de legendarios criminales estadounidenses, como Bonny and Clyde o similares, no tuvieron en cuenta la opinión pública. Y así se preguntaban: ¿Es que no tenemos suficiente con los delincuentes de aquí?, recordando las historias sobre los últimos criminales ejecutados por el verdugo local Nicomedes Méndez. Éste aprovechando la moda de las figuras de cera y del interés general por las ejecuciones, propuso  construir “El Palacio de las Ejecuciones” en la calle Parallel. Él mismo se ofrecía comentar  las escenas representadas intercalándolas con las historias de su propia práctica como verdugo. No se otorgó permiso para  hacer un espectáculo del cadalso con figuras de cera. El verdugo se tuvo que limitar a las “conferencias” que daba en las tabernas de la ciudad sobre los  episodios relacionados con las últimas ejecuciones.

 

Aquí llegamos al final del famoso paseo. En su último trozo se han instalado los pintores de retratos, con más o menos talento. Desde hace poco tiempo, solo aquí pueden verse a las famosas “estatuas humanas”.  Anteriormente, ellos se encontraban a lo largo de todo el paseo. La administración temiendo que las multitudes de curiosos dificultaran el flujo de personas, ordenaron quitar a los artistas de su lugar habitual y acondicionarlos aquí en la parte más ancha de la Rambla.

 

El Tráfico de personas que fluye por el famoso paseo aumenta año tras año. Aunque suene trivial, si llega por primera vez a la ciudad, hay que pasear por las Ramblas desde el principio hasta el final, aunque solo sea por tradición; de lo contrario, ¿Cómo se podrá afirmar que han conocido Barcelona?.

 

 


Autora: Nina Kuznetsova

Excursiones fascinantes con Nina Kuznetsova

Traductora: Natalia Antonova